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¿Va a desaparecer el tacón? Analizamos un fenómeno social posible

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La expresidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, hizo famosa la frase “sin tacón no hay reunión”, pero parece que el tiempo ha acabado negándole la mayor a la expolítica. “El tacón urbano está desapareciendo”, asegura la consultora de moda Marta Blanco. “En la población menor de 40 años casi nadie lo usa a diario. Se ha quedado como algo reservado a eventos sociales, asociado también a la iconografía de la seducción, pero que en el día a día se está extinguiendo”. Coincide con la visión de Blanco la periodista Yolanda Sacristán, exdirectora de cabeceras como ‘Vogue’ y ‘Harper’s Bazaar’, y fundadora de la agencia The Beauty Newsroom: “No me gusta generalizar, pero es cierto que por experiencia para las chicas jóvenes el tacón ya no va con ellas. Es una generación que prefiere un estilo más informal, y está claro, además, que si eres una mujer que trabaja, es complicado coger el transporte público subida a unos stilettos de Christian Louboutin”.

Foto: Botines de tacón sensato de Uterqüe. (Cortesía)

La clave aquí puede estar en la búsqueda de la comodidad: “Antes del confinamiento ya estábamos planteando el debate de la moda cómoda”, explica Blanco. “Inditex ya se había lanzado a su conquista con firmas como Oysho. Por otra parte, casas emblemáticas del tacón como Louboutin, Manolo Blahnik o Jimmy Choo ya presentaban zapatillas o bailarinas, apostando claramente por el zapato sin tacón para llegar a más público. Y si, además, pensamos por ejemplo en las zapatillas de los desfiles de alta costura de Chanel, el hecho de que la costura legitime el ir en deportivas abre ya muchas puertas a la comodidad”. Sacristán amplía lo dicho por Blanco: “La moda de las zapatillas ha hecho incluso que los tacones se revisen, se diseñen más anchos, menos altos e incluso se incluyan en zapatillas de deporte como las que creó Isabel Marant”.

Balenciaga. (Getty)
Balenciaga. (Getty)

Esto coincide a la vez con la presencia de mujeres en casa tan emblemáticas como Dior, dirigida por Maria Grazia Chiuri; Chanel, al frente de la cual está Virginie Viard, o Hermès, donde encontramos a Nadège Vanhee. “Cuando un hombre imagina a una mujer tiende a crear un prototipo de femme fatale, con tacón, en una falda tubo y pelo largo, pero cuando diseña una mujer entiende lo que nosotras necesitamos, se adapta más rápido a lo que sucede en la calle”, señala Sacristán. Blanco añade otro motivo: “Ha habido un movimiento antropológico con mujeres importantes que iban de plano, como Carla Bruni -aunque fuera por no empequeñecer a su marido-. O, sin pretender hacer una broma, la propia Victoria Beckham bajándose de los stilettos por sus problemas en los pies. Son detalles que, al final, van legitimando comportamientos”.

Otro de los elementos que parece haberle dado la estocada definitiva ha sido la crisis sanitaria y el confinamiento obligatorio que hemos vivido durante una parte del año. Según informaba ‘The Guardian’ hace unos meses, en ese periodo de tiempo las sandalias Birkenstock, iconos del ugly shoes, duplicaron sus ventas: “Desde el momento en que la pandemia obligó al confinamiento durante meses, los tacones volvieron a sus cajitas de donde apenas se han movido. Encuentro que va a ser casi imposible volver a salir de casa a las ocho de la mañana con tacones altos para hacer frente a una larga jornada de trabajo”, afirma la diseñadora Ana Locking, último Premio Nacional de Diseño de Moda. “Los pies se han extendido, se han ensanchado y acomodado, rindiéndose por completo a la comodidad; las jornadas de trabajo se han reducido a la mitad porque la otra mitad se realiza desde casa si no la jornada completa en teletrabajo; las reuniones se mantendrán en modo Zoom o Skype porque son más eficaces y se pierde menos tiempo. Hay un aumento del uso de bicicletas y motos para moverse por la ciudad… Todos estos aspectos de la vida diaria que han llegado para quedarse modificarán sustancialmente el uso del calzado”.

Foto: Amina Muaddi. (Getty)

Esta crisis se da, además, tras una época de zapatos joya, tacones escultóricos y creaciones icónicas como el modelo Armadillo de Alexander McQueen. ¿Toda esa fantasía no era sino el canto del cisne del tacón? “Al final cualquier movimiento llevado al extremo acaba agotándose”, subraya Blanco. Pepa Bueno, directora ejecutiva de la Asociación de Creadores de Moda de España, asociación a la que pertenece una firma como Magrit, famosa por hacer los zapatos de la reina doña Letizia, apunta en otra dirección: “Desde mi punto no es algo que vaya a desaparecer. Antes había una manera apropiada de vestir para cada ocasión y eso es lo que ha desaparecido, las normas ya no son rígidas. Hay gente a la que le gusta ir a trabajar en tacones”. Este razonamiento puede coincidir con algo que también destacaba el periódico británico: a la vez que se multiplicaba la venta de zapatos cómodos, también lo hacían los de los modelos más llamativos y arriesgados de Bottega Veneta o Amina Muaddi, dejando así el tacón casi como una pieza de colección, más que como una herramienta para afrontar el día a día.

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