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Empate técnico en las elecciones de Georgia que deciden el Senado de EEUU

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  • Con el 95% del voto escrutado, un escaño se decanta hacia los demócratas y otro hacia los republicanos

  • Biden necesita ganar los dos para controlar la Cámara Alta y poder legislar sin impedimentos

  • La mayoría de votos que restan por contabilizarse proceden de bastiones demócratas

Tras el monumental anticlímax de las presidenciales de noviembre en Estados Unidos, donde el resultado definitivo no se conoció hasta cuatro días después de los comicios, muchos estadounidenses se fueron a dormir anoche sin conocer tampoco el resultado de las trascendentales elecciones en Georgia. Las dos segundas vueltas celebradas el martes en el estado, que decidirán el control del Senado y las opciones de Joe Biden para hacer realidad los planes más ambiciosos de su agenda, se encaminaban hacia un final agónico. Con el 95% de los votos escrutados, un escaño se decantaba para los demócratas y otro para los republicanos, pero con márgenes tan estrechos que habrá probablemente que contar hasta el último voto para conocer a los ganadores. 

Al partido de Biden no le bastan las tablas para recuperar el control de la Cámara Alta. Necesita ganar los dos escaños en juego para controlar la agenda del Senado y poder legislar sin tener que vivir permanentemente a expensas del bloqueo republicano. De otro modo, Biden será el primer presidente en más de un siglo en comenzar su mandato con un Congreso dividido, un escenario nada alentador para todos aquellos que esperan que haga realidad las promesas de su programa. Ya en noviembre, Georgia registró el resultado más apretado de todos los estados del país. El demócrata ganó por menos de 12.000 votos, uno de los motivos por los que Donald Trump ha centrado en este antiguo bastión republicano los últimos cartuchos de su ofensiva antidemocrática para subvertir su derrota electoral

Recuento apretadísimo

Y todo indica también que estas segundas vueltas del Senado podrían decidirse por un puñado de papeletas. Con el 95% del escrutinio, el senador republicano David Perdue aventajaba al demócrata Jon Ossoff por menos de 2.000 votos, cada uno de ellos con el 50% de los votos. En la otra carrera, el demócrata Raphael Warnock llevaba 35.000 votos de ventaja sobre la senadora Kelly Loeffler, o lo que es lo mismo, el 50.4% de los votos frente al 49.6%. El mapa, sin embargo, debería favorecer a los demócratas porque el grueso de los votos que faltan por contabilizarse provienen del área metropolitana de Atlanta, un bastión progresista. Tanto es así que Warnock, reverendo en la misma iglesia donde empezó su carrera Martin Luther King,  cantó victoria en un discurso virtual, antes de que ningún medio diera por cerrada su victoria. 

No son habituales las segundas vueltas en las legislativas de EE UU. Solo las contemplan algunos estados cuando ninguno de los candidatos supera el 50% de los votos, como sucedió en noviembre en Georgia. La norma además es que pasen inadvertidas para el gran público y registren una participación baja, todo lo contrario a lo sucedido esta vez. No solo se batieron récords en el voto anticipado, sino que estas han sido las segundas vueltas más caras de la historia, dos meses de campaña que han llevado hasta el estado a los pesos pesados de cada partido. La factura final de ambas contiendas supera los 800 millones de dólares, según el Center For Responsive Politics. 

El papel de Stacey Abrams

De acuerdo con las encuestas a pie de urna, la alta participación de los afroamericanos habría sido decisiva para mantener las opciones de los demócratas, que en noviembre conquistaron un estado que había votado republicano desde 1992. Un éxito que se atribuye al trabajo realizado en los dos últimos años por Stacey Abrams para organizar a las bases del partido, registrar votantes y propagar el mensaje demócrata. La antigua legisladora estatal de Georgia perdió en 2018 por la mínima las elecciones a gobernadora, pero anoche se mostró confiada en la victoria de sus correligionarios. “Creo que estamos listos para conseguirlo. Yo apuesto por el azul”, dijo en el programa de Steven Colbert. El azul es el color de los demócratas. 

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