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El enemigo en casa: la congresista que saca los colores a EEUU

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  • La polémica persigue a Marjorie Taylor Greene, la primera defensora de QAnon en llegar al Congreso

  • El líder republicano en el Senado define sus “mentiras lunáticas” como un “cáncer” en el seno de su partido

  • Los demócratas introducen una resolución para expulsarla de dos comités de la Cámara Baja

No ha necesitado más que un mes para convertirse en toda una celebridad en Washington, la figura más notoria de la última promoción de congresistas llegados al Congreso de Estados Unidos tras las elecciones de noviembre. Se le han dedicado editoriales y un sinfín de artículos de opinión. Hay maniobras legislativas en marcha para tratar de dictar su futuro y hasta el liderazgo de su partido se ha visto obligado a pronunciarse sobre ella. La congresista Marjorie Taylor Greene está en boca de todos, pero no exactamente por los motivos con los que sueña cualquier político. Sus descabelladas teorías conspiratorias, sus insinuaciones para ejecutar a los líderes demócratas o su cháchara racista han convertido a la congresista por Georgia en un polvorín andante. 

Greene es trumpista hasta la médula y gusta pasearse por el Capitolio con mascarillas en las que se lee “Trump ganó” o “censurada”, por más que sus opiniones estén recibiendo más publicidad que los anuncios de Benetton en sus mejores épocas. Es también la primera evangelista de QAnon en llegar al Congreso, esa alucinación colectiva que cree que Donald Trump está librando una batalla encubierta para salvar al mundo de una secta satánica de caníbales que se dedica a secuestrar a niños para beberse su sangre, una logia supuestamente dirigida por la élite política y cultural demócrata. Hace un par de años, por ejemplo, Greene propagó en su página de Facebook que Hillary Clinton ordenó matar a un policía para encubrir un vídeo en el que supuestamente aparecía fileteando a un niño durante un ritual satánico

Nadie ha visto ese vídeo, pero nada de eso parece importarle a esta defensora a ultranza de las armas de 46 años, comentarista política y empresaria antes de dar el salto a la política. Una mujer a la que Trump describió hace unos meses como “una futura estrella del Partido Republicano”. Greene ha avalado algunas de las conspiraciones sobre los atentados terroristas del 11-S y ha dicho que las masacres escolares de Parkland o Sandy Hook fueron “ataques de bandera falsa”, montajes organizados por el Gobierno para restringir la tenencia de armas. Ese celo conspiratorio la llevó a acosar a uno de los supervivientes de Parkland, un adolescente al que persiguió por las calles de Washington en 2018 llamándole “cobarde”, solo unas semanas después de que 17 de sus compañeros y profesores de su instituto murieran brutalmente tiroteados.

Ejecutar a los líderes demócratas 

Como hizo también Trump, ha vendido la idea de que Barack Obama es un musulmán encubierto o que el Gobierno estadounidense está siendo “invadido por los musulmanes”, una de sus muchas diatribas islamófobas. Y en Facebook le ha dado a varios ‘Me gusta’ de sus seguidores en los que hacían llamamientos a ejecutar a líderes demócratas como Nancy Pelosi. Uno de ellos decía que “sería más rápido ponerle una bala en la cabeza” que esperar a que pierda su escaño por la vía electoral, lo que ha llevado a medios como el Sun Sentinel de Florida a describirla como “una terrorista doméstica”

Recientemente emergió un vídeo en el que decía que los devastadores incendios en California del 2018 habrían sido causados por láseres lanzados desde el espacio por un grupo vinculado a la familia judía de los Rothschild. Y como es habitual entre los ejemplares de su especie, se ha cebado también con el filántropo judío George Soros, al que ha llamado “nazi”.

El dilema republicano 

Nada de eso ha impedido que su partido la nombrara para formar parte de los comités de Educación y Presupuesto de la Cámara de Representantes. Una decisión que ha escandalizado a los demócratas, que este mismo lunes introdujeron una resolución para tratar de expulsarla de ambos comités. Hasta ahora su partido había guardado en gran medida silencio, escurriendo el bulto y haciendo como si la cosa no fuera con ellos. Pero esa complicidad se quebró también el lunes, cuando el líder de los conservadores en el Senado, Mitch McConell, afirmó que las “mentiras lunáticas” de Greene y sus teorías conspiratorias son un “cáncer” en el cuerpo de su partido. 

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“Alguien que pone en duda que un avión se estrellara contra el Pentágono en el 11-S, que los horrendos tiroteos escolares no son más que montajes o que los Clinton estrellaron el avión de JFK Jr. no vive en la realidad”, dijo McConnell. Falta ahora saber qué hará el resto de su partido, el mismo que ha dado pábulo a los bulos de Trump sobre su derrota electoral, el caldo de cultivo que acabó desembocando en el asalto al Capitolio del 6 de enero.

Como su amado líder, Greene no ha pedido perdón ni piensa dimitir. “El verdadero cáncer en el Partido Republicano son los republicanos débiles que lo único que saben es perder con elegancia”, le respondió a McConnell en Twitter, donde añadió: “Ese es el motivo por el que estamos perdiendo a nuestro país”. 

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