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¿Y después de la vacuna, qué? Las mascarillas y la distancia social aún permanecerán varios meses

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La llegada de las vacunas contra el coronavirus supondrá el inicio del final de la pandemia, pero será un proceso gradual, por lo que medidas como el uso de mascarillas, el distanciamiento físico o extremar la higiene seguirán siendo necesarias para frenar los contagios al menos durante algunos meses más. 

Los expertos advierten que sería un error relajar las restricciones de modo inmediato, ya que incluso en la mejor de las situaciones aún tardará en llegar la ansiada inmunidad de grupo, que solo se produce cuando se vacuna una parte muy importante de la población, a la que se suman las personas que han desarrollado anticuerpos tras un contagio previo.

“Empezar a vacunar no significa decir adiós a la pandemia. Vamos a seguir conviviendo con ella durante bastante tiempo, hasta que no consigamos una cobertura poblacional del 70%, que es la llamada inmunidad colectiva o de grupo. Por lo tanto, empezar a vacunar, e incluso estar vacunado, no significa que nos olvidemos de medidas como la mascarilla o la distancia física”, manifiesta a RTVE.es Amós García Rojas, presidente de la Asociación Española de Vacunología.

Amós García: “Empezar a vacunar no significa decir adiós a la pandemia”

En esta misma línea, Jonay Ojeda, portavoz de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS), recalca que “mientras haya personas susceptibles de contagio, el virus va a seguir circulando”, al mismo tiempo que adelanta que “es muy probable que el próximo año, a finales de enero o incluso en febrero, estemos hablando ya de una tercera ola, que obligaría a seguir manteniendo las medidas de prevención actuales”, por lo que “aunque iniciemos el programa de vacunación, no podremos dejar de aplicar tanto las medidas de prevención individuales como las colectivas”.

Las primeras vacunas, en enero

El ministro de Sanidad, Salvador Illa, ha avanzado que España dispondrá de las primeras dosis antes del 10 de enero, que serán con toda probabilidad las de Pfizer/BioNTech. Al igual que ya ha hecho el regulador británico y el estadounidense, la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) prevé autorizar la comercialización de esta vacuna el próximo 29 de diciembre, y la de Moderna el 12 de enero. La siguiente en ser aprobada, presumiblemente, podría ser la de Oxford/AstraZeneca, de la que un estudio independiente acaba de certificar su seguridad y eficacia.

Jonay Ojeda (SESPAS): Mientras haya personas susceptibles de contagio, el virus va a seguir circulando.

Sin embargo, las primeras vacunas llegarán con cuentagotas, aunque el Gobierno español prevé contar a lo largo de 2021 con 140 millones de dosis de siete marcas distintas. En el reparto proporcional por población, a España le corresponde un 10% de los 1.400 millones de dosis que la Comisión Europea ha adquirido de AstraZeneca, Pfizer, Johnson & Johnson, Sanofi, CureVac, Moderna y Novavax.

Agencias del Medicamento: cómo funcionan los organismos que evalúan las vacunas

“Utilidad dirigida” de las primeras vacunas

“Por mucho que queramos correr, el porcentaje inicial de personas que se van a poder vacunar será muy pequeño, y va a ser difícil que tenga un impacto importante dentro de la inmunidad poblacional“, continúa Ojeda, quien subraya que las primeras vacunas van a tener sobre todo una “utilidad dirigida”, indicada para determinados “escenarios de riesgo”, como ancianos, profesionales sanitarios o cuidadores de residencias.

En esta coyuntura tan incierta, resulta muy complicado aventurar plazos sobre cuándo se podrá decir adiós a las medidas de protección actuales, aunque el transcurso de los meses y el avance de la campaña de vacunación jugarán a favor de la situación epidemiológica. “No me atrevo a decir cuándo vamos a poder hacerlo por dos cuestiones fundamentales. Primero, porque no sabemos el ritmo de llegada de las vacunas, que lo harán poco a poco. Y, segundo, porque también desconocemos el número de dosis disponibles”, apunta García Rojas.

Este vacunólogo añade otro factor importante: “Las encuestas muestran que hay un porcentaje de la ciudadanía superior al 50% que es remisa a vacunarse, al menos inicialmente. Habrá que ir venciendo también esa resistencia a base de generar conocimiento y credibilidad hacia las vacunas. Dudo mucho que antes del verano podamos conseguir ese 70% de población vacunada“.

Las vacunas protegen de la enfermedad

Las diferentes vacunas, en sus fases experimentales, han demostrado su eficacia a la hora de proteger contra las manifestaciones graves de la enfermedad, lo que resulta fundamental para combatir la vertiente más amarga de la pandemia: las muertes y el colapso sanitario. Sin embargo, podrían no ser capaces de impedir los contagios, especialmente en el tiempo que transcurre entre dosis y dosis, si la administración se realiza a doble dosis.

Una vez que el coronavirus se introduce por las vías respiratorias -la forma más habitual-, se reproduce en la nariz y en la garganta antes de descender hacia los pulmones, por lo que la capacidad infectiva se puede mantener aunque la vacuna neutralice los efectos más graves que siempre se producen cuando el microorganismo accede al tracto respiratorio inferior. Las vacunas de aplicación nasal solucionarían este problema, y ya hay algunas en desarrollo, pero mientras llegan y la cobertura vacunal es insuficiente, la manera más efectiva de evitar la transmisión es mantener la distancia física y el uso de mascarillas.

Asimismo, aunque atenúen la gravedad, puede que las vacunas no siempre protejan completamente de la infección, especialmente en el tiempo que transcurre entre dosis y dosis. Algunos de los participantes en los ensayos clínicos de las primeras vacunas aprobadas se contagiaron de COVID-19, aunque no desarrollaron manifestaciones graves de la enfermedad. Estas personas también pueden convertirse en transmisores silenciosos.

Y hay que tener en cuenta otro factor: la inmunidad de la COVID-19 aún plantea importantes incógnitas, especialmente en lo relativo a cuánto dura la protección que otorgan las vacunas. Las primeras evidencias científicas al respecto son muy esperanzadoras -podría tratarse de años e incluso de décadas-, pero aún no hay pruebas concluyentes al respecto. Además, las diferentes vacunas conferirán también distintas inmunidades, y su duración podría no ser la misma. 

La importancia de los estudios de seroprevalencia

Las medidas de prevención se relajarán progresivamente al ritmo de la evolución epidemiológica, y para poder evaluar este proceso habrá que monitorizar el impacto de las vacunas en la circulación del virus. En esta tarea, la principal herramienta de salud pública serán los estudios de seroprevalencia.

“El hecho de que las personas se vacunen y tengamos una alta cobertura vacunal no es suficiente garantía. Necesitamos efectividad, saber que las personas están realmente inmunizadas, y eso solo es posible por medio de los estudios de seroprevalencia”, explica Jonay Ojeda, quien incluso asegura que, a efectos epidemiológicos, en los compases iniciales de la campaña de vacunación la inmunidad natural adquirida durante la primera y la segunda ola “va a ser más relevante que lo que pueda aportar la vacunación”.

“Estaremos probablemente en porcentajes de inmunidad poblacional de entre un 20% y un 30%, y eso va a ser más importante para el control de la pandemia que lo que nos puede aportar la vacuna en los primeros meses”, enfatiza. La cuarta oleada del estudio nacional de seroprevalencia se encargará de cuantificar esta inmunidad alcanzada por contagios previos.

¿Mantener la mascarilla en situaciones muy concretas?

Una vez que se llegue a ese 70% de la población inmunizada, las medidas comenzarían a desaparecer escalonadamente. Aunque mantener alguna de ellas puede ser aconsejable. “Después de alcanzar la inmunidad de grupo, poco a poco se iría modulando la escenografía con la que vivimos en este momento en relación con el virus”, afirma Amós García Rojas, quien no obstante defiende que “parte de los usos que tiene la mascarilla deberían quedarse, porque tiene un papel protector contra numerosas enfermedades transmisibles”.

Este epidemiólogo pone dos ejemplos concretos: las reuniones en ámbitos muy cerrados y las personas resfriadas que salen de casa, para evitar contagiar a otros. “Eso que ya forma parte de la cultura en países orientales deberíamos ir incorporándolo, junto al lavado frecuente de manos, que espero que haya llegado para quedarse”, concluye.

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