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Rodrigo Valdés: “La estrategia del gobierno, de enviar su propio proyecto del 10%, no elimina el riesgo de nuevos retiros”

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Si bien la semana cerró con un aparente triunfo del gobierno al lograr que se aprobara en el Senado su proyecto de un segundo retiro del 10% de las AFP, frente a la iniciativa de la oposición que fue rechazada y pasó a Comisión Mixta, el hoy académico de la Escuela de Gobierno de la UC y exministro de Hacienda, Rodrigo Valdés, no lo ve así.

Aunque reconoce que la autoridad tenía poco margen de acción, advierte que el hecho de mandar dicho cuerpo legal “y escuchar a la ministra del Trabajo decir ‘no se preocupen, van a tener su 10% antes de Navidad’, es un giro muy complicado. Es ser demasiado pragmático”.

Y se pregunta: ¿qué pasa si en marzo tenemos caída del PIB de nuevo? ¿Vamos a hacer un tercer retiro? ¿Qué va a decir el gobierno ahí?”. Frente a ello, argumenta que es crucial sacar adelante la reforma de pensiones para intentar frenar nuevos giros de los fondos previsionales y que ahí el Ejecutivo debiera mostrar parte de la practicidad de la que hizo gala en la actual apuesta legislativa.

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Junto con sus actividades académicas, Valdés forma parte del grupo de expertos que convocó el Ministerio de Hacienda para analizar el tema tributario y también trabajó con Rodrigo Vergara en el libro que lanzarán el CEP y el Fondo de Cultura Económica la semana del 7 de diciembre, y que nuclea la visión de economistas de distintas sensibilidades sobre tópicos que debieran estar en el debate constitucional.

¿Hizo bien el gobierno en enviar su propio proyecto de segundo retiro del 10% para ponerle algún borde, o se equivocó al hacerse parte de una pésima política pública?

-Hay que reconocer que el gobierno estaba en un zapato chino y tenía que escoger entre alternativas malas y pésimas. Pero enviar su propio proyecto del 10% es una apuesta bien arriesgada para retomar el control de la agenda. Por dos razones: la primera, porque es un paso más hacia normalizar el uso de los recursos previsionales para fines no previsionales. Y, en segundo lugar, porque es un ejemplo brutal del dicho ‘la necesidad tiene cara de hereje’ llevado a la práctica, porque el gobierno no cree en esto. Tengo hartas dudas de que esto ayude a mejorar la confianza en la política.

¿Qué opción tenía?

-Podía haber negociado más ayudas, quizás haber ido al TC, o simplemente, haber dicho que esta es una mala política pública, incluso más fuerte de lo que lo hizo la primera vez. Cuando dos tercios del Congreso quieren una política pública, es muy difícil cruzarse en eso, pero tiene consecuencias complejas lo que hizo el gobierno al validar este uso de los fondos previsionales.

¿Y estuvo bien que enviara el proyecto de la oposición al TC?

-Esa es otra cuestión compleja, porque agria mucho las relaciones. Desde el punto de vista del quórum, creo que debía hacerlo. Pero desde el punto de vista del fondo, he visto distintas opiniones de si es o no inconstitucional, y su peor escenario sería que el gobierno perdiera en ese requerimiento. Pero dado como se involucró, tenía que hacerlo.

El gobierno buscaba reordenar sus filas y frenar eventuales nuevos retiros. ¿Le va a funcionar?

-Pongo en duda que esta estrategia reduzca más la probabilidad de un tercer retiro que estrategias alternativas. El hecho de mandar este proyecto de ley y escuchar a la ministra del Trabajo decir ‘no se preocupen, van a tener su 10% antes de Navidad’, es un giro muy complicado. Es ser demasiado pragmático. ¿Qué pasa si en marzo tenemos caída del PIB de nuevo? ¿Vamos a hacer un tercer retiro? ¿Qué va a decir el gobierno ahí?

¿Entonces esta estrategia no frena nuevos retiros?

-Efectivamente. La estrategia del gobierno, de enviar su propio proyecto del 10%, no elimina el riesgo de nuevos retiros. Capaz que tengan un pacto a sangre y fuego con algunos de sus senadores más díscolos con tal propósito, pero no lo sabemos.

¿Por qué llegamos a esta situación?

-Se conjugan varias cosas. Primero, ayudas un poco tardías y no tan significativas ante la crisis económica. Segundo, un exceso de ideología respecto de que los fondos previsionales son propiedad privada, ante lo cual se cae en una contradicción evidente al argumentar que estos no se utilicen. Y, en tercer lugar, la demora en hacer la reforma de pensiones, que permite que se diga erróneamente: ‘Son tan malas las pensiones, que qué importa’.

¿De quién o quiénes es la responsabilidad?

-En un régimen presidencialista como el nuestro, la responsabilidad mayor, siempre, es del Ejecutivo. Creo que la rigidez del gobierno en llegar a un acuerdo por pensiones y el extremismo de algunas de sus huestes, defendiendo las cuentas individuales, apuntó a que esto pasara.

¿Y no hay responsabilidad de la oposición, que propuso esto?

-Por supuesto están el desorden y el populismo en el otro lado, pero al final del día lo que sucede acá es que el gobierno pierde el control de su coalición. Le faltó construir algo más, con su base de apoyo, en términos de las ayudas frente a la pandemia.

Pero un estudio del Banco Mundial dice que Chile fue el que más aumentó sus medidas de ayuda en la región y Hacienda cifra el esfuerzo fiscal en 8,4% del PIB, similar a Alemania.

-No hay duda de que los anuncios de gasto del gobierno son significativos. El FMI sumó los anuncios de los gobiernos para comparar las reacciones entre países. Ahí Chile aparece, junto con Brasil, como el país emergente con los anuncios más grandes. Sin embargo, es importante ver los hechos.

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En el segundo trimestre hubo ayudas muy menguadas respecto de las caídas de ingresos de las familias. En el tercer trimestre esto mejoró, pero no sé si es suficiente. Hay un número que me preocupa, que es el seguro de cesantía. Se anunció que se usaría mucho para la suspensión y los cesantes, pero resulta que en los últimos ocho meses, de US$ 8.150 millones que había en las cuentas individuales, el saldo disminuyó en apenas US$2 50 millones. Y de los US$ 4 mil millones que había en el fondo solidario, se gastaron US$ 500 millones.

¿Por qué ocurre eso?

-Yo creo que se calibraron mal los beneficios, punto. Se necesitarían varias pandemias para agotar el fondo solidario. Se está llegando a menos gente de lo previsto, con menos montos. Por lo tanto, la evaluación precisa de la cantidad y calidad de los beneficios la vamos a ver con más datos.

Con el segundo retiro en vías de ser aprobado, ¿en qué pie queda la reforma previsional? Hace un tiempo, tanto usted como el ministro Briones dijeron que no eran compatibles ambas cosas.

-Pese a los retiros, la reforma previsional sigue teniendo sentido, pero se hace más difícil, porque políticamente las cosas están más desordenadas. Pienso que con la mitad de la practicidad que mostró el gobierno en este segundo retiro, habríamos tenido una buena reforma de pensiones hace rato. Hay que acordarse que en el gobierno anterior el planteamiento era cinco puntos extras, con dos a un pilar colectivo, en el cual uno era a reparto y el otro a ahorro colectivo.

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A eso la oposición de la época dijo que no. Hoy día ya el 3-3 parece imposible y hay que ir a una propuesta algo más agresiva, como la que tienen los senadores de la Comisión de Trabajo, para avanzar en serio. Es muy importante la reforma de pensiones para evitar terceros y cuartos retiros.

¿Y eso sí los frenaría?

-Nada lo garantiza. Creo que, lamentablemente, la gente va a tener que sentir que sus pensiones son más bajas con los retiros, por un tiempo, para darse cuenta de que esto es un problema. Y espero que eso ayude a reenfocarnos en que es urgente hacer la reforma y no seguir sacando plata del fondo de pensiones.

¿Cómo se cubre el forado de casi US$ 40 mil millones de dólares que van a dejar estos retiros en el fondo de pensiones?

-Creo que no se puede. Este es un forado que tiene consecuencias persistentes y que vamos a tener que vivir con ellas. Lamentablemente, es posible que este gobierno deje el sistema de pensiones contributivas más débil de lo que lo encontró. Sería primera vez que pasa. Espero que logre hacer una reforma, porque si no será un récord bien triste.

¿Estamos ante el fin del sistema de pensiones basado en cuentas de capitalización individual como lo conocimos?

-Estamos ante el fin de esta postura entre ideológica e ingenua, de pensar que un sistema de pensiones puede basarse, exclusivamente, en cuentas individuales y en un pilar solidario. Esa pretensión se ve desbancada con lo que hemos vivido. Se suponía que la gran gracia del sistema de cotización en cuentas individuales era que los políticos no le metieran la mano, mientras eran incapaces de hacer los ajustes oportunos en los sistemas colectivos. Lo que se está demostrando ahora es que ambos sistemas son vulnerables y que hay que construir institucionalidad para defenderlos. De hecho, en muchos países ha habido reversión de los sistemas de capitalización individual. Yo espero que no lleguemos a eso en Chile y que seamos capaces de adicionar pilares y ponerle así más patas a la mesa.

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¿Y en el caso de la labor de las AFP?

-Yo separaría el sistema de capitalización en cuentas individuales o personales de lo que son las AFP como industria. Porque el primero puede existir sin problema con manejadores distintos, sin fines de lucro, como son, por ejemplo, las instituciones que hoy se encargan de los accidentes del trabajo. O podría ser estatal. Creo que las AFP, como industria, van a sufrir varios cambios, por distintas razones. La capitalización individual es muy importante como una de las patas de la mesa, no la única, porque hay que agregar otras, pero sería un error garrafal destruirla. Es parte de los pilares que tiene que tener un buen sistema de pensiones.

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Usted habla de separar el sistema de capitalización individual de las AFP, sin embargo, buena parte de los recursos que hoy tiene ese sistema es resultado del manejo y rentabilidades que obtuvieron las AFP, que era su mandato central.

-Creo que el manejo financiero y operacional lo han hecho muy bien, pero la sociedad moderna exige que las industrias se preocupen de más cosas. Las AFP cometieron errores grandes, incluyendo no alertar de los problemas. Y su error garrafal fue torpedear los intentos de reformas de pensiones previas.

¿A qué se refiere? ¿A lobby?

-Más a sus declaraciones, y a la publicidad pura y dura. Entonces, hicieron bien parte de la pega, pero otra parte importante no la hicieron bien. Y así, de ser casi la única pata relevante de la mesa, puede que queden como media pata nomás.

¿Apoya por completo el proyecto de la oposición sobre reforma previsional?

-Creo que la idea de cuentas nocionales para el 6% es una buena solución de compromiso para tener más apoyo. No sacamos nada con una reforma de pensiones que pase justo con los votos que logre el ministro Segpres del momento. Si se hace bien en términos institucionales, es completamente sostenible: permite un grado de transferencias intergeneracionales, pero tiene también de ahorro que premia la contribución. Hay detalles que se deben afinar, pero se puede hacer. Y otra cosa importante: se necesitan meses para escribir bien un proyecto de este tipo, una vez que está definida la ingeniería gruesa. Y todavía ni siquiera existe acuerdo sobre esto último.

¿Cómo se compatibilizan estos seis puntos extra de cotización que debe pagar el empleador, con el difícil momento que están viviendo las empresas?

-Va a tener que hacerse de forma muy gradual, porque es un costo. Pero además hay que decirlo con todas sus letras: los salarios tendrán que ajustarse en el tiempo más lento de lo que habría sido sin esto. Pensar que los salarios van a ser los mismos, con o sin un cambio a las contribuciones, es falso. No vendamos humo.

¿Cómo ve el proceso de reactivación de la economía en 2021 y cuánto debiera afectar el nuevo retiro del 10%? JP Morgan subió a 5,4% su estimación de PIB por ese factor.

-Primero, el retiro de fondos tiene un efecto expansivo en el corto plazo y no contractivo como planteó Clapes UC. En segundo lugar, el mundo está bastante mejor. China se ha normalizado bastante y la vacuna es un gran aliciente para lo que viene. Sin embargo, me preocupa el primer semestre, porque es difícil alcanzar a tener vacunas, es probable una segunda ola de contagios masiva y se va a ir acabando el azúcar de corto plazo que entregan los retiros.

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Pero con todo, está claro que ya pasó lo peor. Igual, veo un crecimiento menor a lo que dice JP Morgan, más del orden de 4%. Hay que considerar que vamos a tener el tema constitucional dando vueltas. Hasta ahora va avanzando muy bien en su marco institucional, pero sin duda hay temores. Entonces, vamos a tener un año de crecimiento, pero de una recuperación que no va a ser completa, arrastrando un tema fiscal complejo y una falta de empleo también difícil.

¿Qué medidas debe seguir tomando el gobierno para enfrentar esa situación?

-Quizás lo más importante es lograr que la eventual segunda ola de Covid sea pequeña. Si en 2021 volvemos a perder el control de la pandemia, como sucedió en abril de este año, vamos a estar bastante más complicados en términos económicos. Lo otro, es ejecutar el Presupuesto. Es fácil anunciar, pero es difícil materializar. Y tercero, trabajaría un plan contingente y lo mantendría adentro del cajón por si nuevamente tenemos problemas serios en los contagios y en la economía. También hay temas específicos: es necesario pensar cómo renovar algunas operaciones Fogape. Van a empezar los vencimientos y la economía no va a estar plenamente normalizada.

¿Volver a los niveles prepandemia, tanto en actividad como en empleo, ya queda para 2022?

-Es un objetivo que necesita la vacuna y que exista cierta claridad respecto del tema constitucional. Se percibe en el sector privado menos apetito por hacer negocios y eso hay que entenderlo como una reacción normal a cuando las reglas están siendo reescritas. Mientras más claridad, mejor. Por ejemplo, fue muy positivo cómo se asentaron los 2/3 de la convención constituyente y como la centroizquierda salió a decir que el gobierno de Piñera termina según se votó y que no cabe adelantar las elecciones. Se está avanzando en conversar de contenidos y eso ayuda mucho.

¿Le preocupa la violencia?

-Me preocupa y la condeno, porque es un método de presión 100% ilegítimo en democracia. Me preocupa qué va a pasar con las presiones en torno a la convención constituyente. Los episodios que ha habido en algunos países, en que la calle presiona demasiado a la convención, no son constructivos.

Hay personas que dicen que este proceso constitucional puede salir muy bien, pero también muy mal.

-Lo comparto, pero le doy una chance bastante más alta a que salga bien versus que salga mal. Y a las personas que están asustadas les digo que esto depende de nosotros. No me gusta eso de mirar al techo y pensar que otros son los responsables. Esta es una cuestión colectiva que requiere de todos. La veo como una oportunidad increíble. Sin esta salida, no sé en qué estaríamos.

A raíz de los ataques de Pamela Jiles a Ignacio Briones, algunos han recordado cuando Bárbara Figueroa lo insultó a usted en el Congreso. ¿Cómo ve al ministro de Hacienda?

-Le ha tocado muy difícil. Dicho eso, creo que el ministro Briones, aunque ha estado mejor en las últimas semanas, tiene que recobrar el tono que tuvo y que es muy importante para Chile. Es fundamental tener en el gabinete personas que le bajen las revoluciones al debate. Eso lo hacía muy bien el ministro y lo perdió un poco. Y sobre lo primero que plantea, las autoridades están expuestas a groserías, y hay que saber respirar profundo y seguir nomás.

Pero él dice que nunca ha perdido la disposición al diálogo y que siempre ha estado disponible para escuchar.

-Yo creo que cuando se dialoga, se hace no solo para escuchar, sino también para modificar las propuestas en algún grado, para negociar. Y es muy importante tener esa flexibilidad a tiempo, de manera de no tener que entregar todo después, como se entregó ahora con el segundo retiro.

¿Cómo evalúa que fue la discusión del Presupuesto 2021? ¿Funcionó la nueva metodología de Hacienda de hacer un erario en base cero?

-Para ser franco, todavía no la entiendo mucho. Nunca supe bien qué se reasignó. Hubo recortes a la vista, como en Ciencias o en Educación Superior, que dudo que sean programas mal evaluados. Faltó decir qué fue lo que se descubrió y se cortó en supuestamente US$ 2.700 millones. Lo otro es que este Presupuesto tenía exceso de cemento. Se cree que gastar en infraestructura tiene más efecto reactivador en el corto plazo, lo cual no es correcto. Hubo un exceso de marketing de hacer un Presupuesto, entre comillas, reactivador.

Y lo último, hay un tema de formas de parte del equipo del ministro. Hay una responsabilidad grande en el proceso presupuestario, porque el Presidente, el Ministerio de Hacienda y la Dipres tienen mucho poder respecto del de las contrapartes. Y cuando se tiene mucho poder, hay que saber usarlo con cuidado. Fue innecesario lo que pasó y dejó grietas que siempre tienen costos.

¿Se refiere al impasse que tuvo el director de Presupuestos con el senador Montes y también a críticas por falta de transparencia?

-A ambas cosas. Hay que entender que en esta discusión el mango del sartén lo tiene completamente el gobierno, entonces si se abusa de ese poder, se producen problemas hacia adelante.

Pero esos impasses también pudieron verse influidos por el ambiente de mayor polarización que hay en el Congreso y no ser solo responsabilidad de Hacienda.

-Por supuesto, pero el valor del temple en la pega que tiene este equipo es clave.

Sí reconozco y soy crítico de los parlamentarios, en el sentido de que si creen que hay que gastar más en algunos ítems, deberían proponer el financiamiento cortando otros. Eso es más constructivo que aprobar todas las partidas que crecen harto y después entablar una discusión dura para gastar más, porque ya no queda de dónde sacar. Ahí la oposición también lo podría haber hecho mejor, proponiendo reasignaciones.

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