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Giscard d’Estaing, un presidente moderno y europeísta

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Arquitecto de la integración de Europa y principal modernizador de la política y la sociedad francesa en los años 70, Valéry Giscard d’Estaing ha dejado en la memoria de su país un recuerdo profundo por su longeva actividad política y por encarnar una presidencia renovada, rompedora y, ante todo, muy europeísta.

El que fuera el presidente de Francia entre 1974 y 1981 ha fallecido este miércoles a los 94 años, dejando tras de sí una larga carrera política que comenzó y terminó en su Auvernia natal, pero que siempre estuvo marcada por su europeísmo, presente tanto en su labor presidencial como tras ella, cuando presidió la convención que redactó la Constitución Europea de 2004.

Nacido en 1926 en Coblenza, la localidad alemana bajo administración francesa en la que su padre era alto funcionario, participó cuando solo tenía 18 años en la resistencia contra la ocupación nazi, lo que le valió importantes distinciones militares. Más tarde, se licenció en la Universidad Politécnica y en la prestigiosa Escuela Nacional de la Administración (ENA), creada por Charles de Gaulle para formar a las élites del país tras la Segunda Guerra Mundial.

Giscard d’Estaing se embarcó en la política siendo diputado por su región desde 1956. Poco a poco fue entrando en los engranajes gubernamentales que le llevaron en 1959 a la secretaría de Estado de Finanzas. Pero dejó realmente su huella en el paisaje político cuando ocupó varios cargos ministeriales a partir de 1962.

El presidente más joven en cruzar el umbral del Elíseo 

Fue con su innovadora campaña, que le llevó a ser designado como el Kennedy francés, que Giscard logró conquistar el Palacio del Elíseo en 1974, venciendo a Jacques Chaban-Delmas y al candidato socialista François Mitterrand, y siendo el primer presidente no “gaullista” de la postguerra cuando tenía 48 años, el más joven hasta entonces.

Es así como, tras el general Charles de Gaulle, el héroe de la liberación, y su delfín, Georges Pompidou, Francia se echó en brazos de una figura más dinámica, un liberal convencido que había dirigido con éxito la economía en los últimos años y que llegaba con formas rompedoras a las esferas de un modelo de poder agotado por las secuelas de la revuelta estudiantil de mayo del 68.

El candidato centrista y tecnócrata Valey Giscard gana las elecciones presidenciales contra pronóstico frente al experimentado François Mitterrand por escaso margen. Pese a acudir dividida, la derecha francesa se movilizó finalmente para mantenerse en el poder tras la muerte de Pompidou.

Giscard impuso un nuevo estilo, que pretendía aligerar la opulencia presidencial. Como antesala de esto, tomó posesión sin el habitual chaqué y ascendió a pie los Campos Elíseos en lugar de en la berlina descapotable. Buscaba así proyectar la imagen de un joven y moderno presidente que estaba más cerca del pueblo que sus predecesores.

Con Jacques Chirac como primer ministro, exponente de la mayoría “gaullista” de las cámaras, presidió la modernización de la sociedad francesa, despenalizando el divorcio, legalizando el aborto, estableciendo la edad legal para votar a los 18 años o poniendo fin a la tutela gubernamental en la televisión pública.

Impulsor de la integración europea

En la esfera internacional, trató de mantener la singularidad francesa en el contexto de la “guerra fría”, siendo aliado de Estados Unidos pero mostrándose abierto a conversar con la URSS. 

El entonces presidente de EE.UU. Jimmy Carter (L) y Giscard caminan por una playa de Normandía AFP AFP

Ejemplo de ello es que como anfitrión de la primera reunión de líderes occidentales -que se convertiría posteriormente en el G7-, fue uno de los pocos mandatarios que se reunió con el soviético Leónidas Breznev, a quien Washington buscaba aislar. Tampoco participó en el boicot de los Juegos Olímpicos de Moscú de 1980 y se demoró en condenar la invasión soviética de Afganistán.

En Europa, forjó una estrecha relación con el antiguo canciller de Alemania Occidental Helmut Schmidt, junto a quien estableció las bases de la moneda única y del eje franco-alemán, clave en la construcción de la actual Unión Europea. Asimismo, impulsó el Consejo Europeo, la elección del Parlamento Europeo a sufragio universal y la Agencia Espacial Europea.

La crisis, los diamantes de Bokassa y la división de la derecha

Para modernizar el país, apostó por la alta velocidad ferroviaria y por la energía nuclear, pero la crisis internacional, las medidas de austeridad y los dos choques petroleros frenaron el desarrollo y empañaron la reputación que se había labrado como exitoso ministro de Finanzas de De Gaulle (1962-1966) y Pompidou (1969-1974).

A esto se sumó que en octubre de 1979 el semanario francés Le Canard enchaîné reveló que Valéry Giscard d’Estaing, en calidad de ministro, había recibido diamantes del presidente centroafricano Jean Bedel Bokassa.

Todo ello, junto a la división de la derecha propiciada por Chirac -a quien nunca perdonó-, contribuyó a su derrota en las presidenciales de 1981 frente a Mitterrand, algo que vivió con gran dolor. “Nunca imaginé la derrota”, confesó.

Padre de la Constitución europea 

Tras su marcha, Giscard fue el único expresidente que volvió a presentarse de nuevo a las urnas en su querida Auvernia, región que llegó a presidir (1986-2004), pero también en el Parlamento Europeo, al que fue elegido en 1989. Seguro de la reelección de François Mitterrand, no participó en las elecciones presidenciales de 1988, pero sí utilizó esos cargos como trampolín para una nueva conquista del Elíseo, con la que amagó en varias ocasiones, sin que nunca obtuviera el respaldo necesario.

Desde De Gaulle a Hollande, todos los presidentes de la V República francesa

A partir de la segunda mitad de los años 90, el “giscardismo” desapareció gradualmente del panorama político hasta que en 2002 vivió un nuevo momento de gloria cuando fue elegido presidente de la convención que debía redactar la Constitución Europea. Un trabajo alabado por los más europeístas, pero que se estrelló en el voto negativo en su país en el referéndum de 2005.

Giscard comprendió entonces que se había alejado demasiado del pueblo, al que trató de acercarse durante toda su carrera política. Su imagen burguesa y tecnocrática había podido más que sus intentos de presentarse como un ciudadano de la calle.

Los últimos años de su vida, en los que vivió un período de declive en su salud con varias hospitalizaciones, los pasó en Auvernia junto a su inseparable esposa Anne-Aymone y los dedicó a la literatura, una carrera que le valió para convertirse en el único presidente francés en ingresar en la Academia Francesa en 2003.

Las direcciones que dio a Francia todavía guían nuestros pasos

Durante más de tres décadas, Giscard mantuvo el título del presidente más joven de Francia, hasta que Emmanuel Macron irrumpió en el panorama político del país y se convirtió en presidente a los 39 años, nueve años menos que Giscard cuando fue elegido.

Es precisamente Macron uno de los que no ha dudado en alabarle este miércoles tras conocer su fallecimiento: “Las direcciones que dio a Francia todavía guían nuestros pasos. Un servidor del Estado, un político del progreso y la libertad, su muerte es un luto para la nación francesa”.

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