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El recorrido del traje de chaqueta, ¿cuál es la próxima parada?

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Etiquetar no es precisamente la costumbre más loable del ser humano, pero si hubiera que señalar a una prenda como sinónimo de empoderamiento femenino a lo largo de la historia, hay un candidato que tiene todas las papeletas para llevarse el premio, ahora que estamos en tiempo de galas: el traje.

Durante muchos años fue una prenda habitual en el armario femenino, pero con un matiz muy importante: la falda acompañaba a la chaqueta, no el pantalón. La irrupción de Le Smoking de Yves Saint Laurent a mediados de los 60 elevó el traje femenino de chaqueta y pantalón al primer plano mediático, y a medida que la mujer iba conquistando terreno laboral reservado exclusivamente para el sexo masculino hasta entonces, el dos piezas de pantalón empezó a vivir una verdadera transformación hasta convertirse -¡por fin!- en un conjunto unisex a finales del siglo XX. Los amantes del cine de Woody Allen seguro que no pueden olvidar a Diane Keaton en cintas como ‘Annie Hall’.

Woody Allen y Diane Keaton, en ‘Annie Hall’, 1977. (Getty)

Es inevitable asociar al traje de blazer y pantalón a la evolución de la mujer en clave socioeconómica, y más teniendo en cuenta que no había otro uniforme posible por aquel entonces en las oficinas. El concepto de ‘empoderamiento’ queda definido con el dos a la perfección. Pero también al concepto de vanguardia porque el traje en una mujer, más allá de su elegancia innata, si por algo destaca con relación a cuando lo viste un hombre es por el aire de modernidad que fluye de él. Ahí está la imagen para el recuerdo de Julia Roberts recogiendo un Oscar enfundada en un traje de aire masculino. Era 1990.

Símbolo de empoderamiento

Es importante poner en contexto el traje de chaqueta y pantalón porque para las generaciones más jóvenes parece que es un look reciente, y aunque ha sido en el último lustro cuando por fin se ha viralizado su uso dentro del street style, lleva siendo una opción más dentro del armario femenino desde varias décadas atrás.

Seguramente esta falta de memoria con respecto a su presencia en la moda femenina tiene mucho que ver con la tendencia noventera y, especialmente, dosmilera de la moda urbana, donde lo deportivo se impuso de forma inapelable ante el deseo de las nuevas generaciones de aspirar al confort y la comodidad por encima de cualquier otro factor en el vestir.

El nuevo traje de chaqueta de Mango. (Cortesía)

Sin embargo, hace ya casi un lustro, la industria recuperó para la causa la sastrería más tradicional. Con la nueva ola feminista, esta sí parece que masiva, definitiva e imparable, los creadores no dudaron en recurrir de nuevo a este look como símbolo. Pero en esta ocasión el traje renació, lógicamente, adaptado a los gustos actuales: en clave relajada. Combinado con camisetas básicas primero, tops lenceros después, y simplemente con ropa interior finalmente por las más atrevidas; abierto a todas las opciones de calzado como acompañante, incluidas las zapatillas deportivas, y diseñados en líneas holgadas y rectas, oversize en muchos casos.

Esta evolución ha sido constante en las últimas temporadas, y también se ha dejado notar en la paleta de colores, que se amplió a tonos muy vivos, a los tejidos y en el corte de las chaquetas.

Hace varias primaveras se inundaron las calles con alegres trajes azules, fucsias, amarillos, rojos y verdes. En lo que respecta a las chaquetas, las opciones se han multiplicado en las últimas temporadas con la irrupción de las blazers cruzadas y hasta la de corte cropped, que finalmente cuajaron menos porque la pandemia le pasó factura a las tendencias emergentes de la primavera pasada. Y en cuanto al tejido, no es extraño ver trajes hasta de corte deportivo aprovechando el auge del jogger, algo impensable hace no tanto tiempo.

Nuevas siluetas

La evolución del dos piezas, por lo tanto, sería algo así como el recorrido del agua desde el primer arroyo de montaña por el que viaja hasta que desemboca a mar abierto. El universo del traje es hoy un océano ecléctico donde todo es posible.

Pero su viaje no acaba aquí, ya que tiene una nueva parada en su trayecto: en la primavera y el verano del 2021, cuando se va a llevar con bermudas. El más difícil todavía.

Es posible que, de repente, tu mente haya conectado de nuevo con Julia Roberts. Otra regresión mental al año 90, pero en este caso a la ficción, ya que la actriz lució en el final de ‘Pretty Woman’ un diseño de pantalones cortos y blazer con hombreras en color rojizo inolvidable -otro símbolo de empoderamiento, en este caso de su personaje, Vivian-. Justo este es el estilo del traje que se protagonizará el 2021.

Sobre la pasarela han compartido esta visión firmas de estilos antagónicos como Chanel, Balmain o Jacquemus, entre otras. Cada una ha hecho suya la combinación chaqueta+shorts, pero la esencia es compartida. Y no ha pasado desapercibido a las firmas mass market más importantes. Véase el caso de Zara, Mango o H&M, por citar tres casas conocidas con trajes de este estilo a la venta en la actualidad.

En la mayoría de las marcas mencionadas, americana y bermudas están combinados a juego, pero no es difícil encontrar propuestas –Oscar de la Renta es un muy buen ejemplo- en las que ambas prendas no tengan nada que ver en cuanto al color, patrones o estampados que las decoran. Esta es otra de las formas en las que la industria de la moda le da una vuelta de tuerca a este look, como ya vimos hacer el pasado verano.

Hay firmas, en cambio, que han preferido sustituir las bermudas por la minifalda, otra de las prendas estrella de este comienzo de 2021. Es el caso de Zimmerman y Alessandra Rich, por ejemplo, pero no es una tendencia tan indiscutible como la del traje con shorts, que se impone como la nueva forma de llevar esta combinación que lejos de ceder protagonismo en el armario femenino, redobla su apuesta por seguir siendo protagonista.

Y esto por no hablar de la conquista de los trajes de chaqueta y pantalón -largo en este caso, eso sí- de la moda nupcial, que ha aprovechado las exigencias del guion por la pandemia -bodas íntimas y reservadas, de pequeño tamaño- para convertirse en una de las grandes tendencias en moda nupcial. Pero de esto hablaremos, largo y tendido, en otra ocasión, porque hasta las firmas clásicas se han rendido ante él al incluir esta alternativa al vestidazo de toda la vida en sus colecciones.

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