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El poder invisible de los ‘superburócratas’ en Italia

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  • Unos 200 altos funcionarios sobreviven a los constantes cambios de gobierno y acumululan cada vez más poder

Gaetano Azzariti, presidente del Tribunal de la Raza —el que perseguía a los judíos— durante el fascismo en Italia, ha sido uno de los casos más formidables que se han estudiado. Depuesto el dictador Benito Mussolini en 1943 e invertidos los polos del poder, Azzariti no sólo salió indemne de su pasado, sino que fue nombrado ministro de Justicia, el puesto cuya misión fundamental era juzgar a los jerarcas fascistas. Pero su singular vida no acabó ahí. Tiempo después fue nombrado jefe de gabinete del líder comunista Palmiro Togliatti y, luego, presidente del Tribunal Constitucional.

En la jerga periodística, los llaman los ‘sacerdotes de la administración pública’ o ‘superburócratas’. Sonsegún cálculos más o menos aproximados, unos 200 altos funcionarios de Estado que, en la discreción más absoluta, pasan de un gobierno al otro. Libros, ensayos y series no han hecho más que aumentar su halo de misterio, porque sus historias tienen de todo. Una dinastía que es cada vez más sinónimo de poder y continuidad a pesar de los golpes que la política italiana se da a sí misma cíclicamente

Luigi Trivelli, antiguo asesor parlamentario, explicaba claramente en qué se basa el poderío de estos hombres invisibles, en una entrevista de hace algunos años. “Cuando un ministro toma posesión del cargo, contrata a un director general por un período de cinco años. Y, un año más tarde, al caer el Gobierno llega otro nuevo con el apoyo de una mayoría política diferente, y entonces el nuevo ministro toma su cargo y hereda al director general contratado por su predecesor. El director puede elegir: cambiar su afiliación política, y esto ocurre con bastante frecuencia entre estos burócratas, o puede hacer una especie de oposición al nuevo ministro”, contó Trivelli.

Círculo cerrado

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“Pertenecen a un micromundo, son un círculo cerrado del poder romano integrado por jefes de gabinete, directores generales y jefes de las oficinas legislativas, un grupo que está en contacto y se intercambia favores”, explica a este diario Giuseppe Salvagiullo, autor de uno de los libros más recientes sobre el tema, ‘Io sono potere’ (Yo soy el poder), publicado el año pasado. Ejemplo reciente es el de Ugo Zampetti, quien esta semana fue protagonistas de las crónicas después de que se supiera que era la cuarta vez que leía una dimisión de un primer ministro. Pero hay más casos. Entre ellos, Ermanno De Francisco y Roberto Chieppa, otros dos fieles de Giuseppe Conte en Palazzo Chigi. 

Una auténtica toma de poder que ejercitan gracias a una clase política cada vez menos educada y un proceso legislativo complejo. Otro ejemplo, el del proceso para la aprobación de las leyes ordinarias. “Cuando hay que presentar una nueva ley, ésta se escribe en los ministerios, luego el Parlamento la ratifica y, a continuación, nuevamente  regresa a ellos para que se redacte cómo se tienen que aplicar esa misma ley. Así no es infrecuente que surjan retrasos en la aplicación por divergencias entre estos altos burócratas”, cuenta Sergio Rizzo, autor de varios libros sobre las ‘castas’ italianas. “Así ha sido en los últimos cien años, aunque ahora haya empeorado”. 

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