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Cannabis medicinal en España: sin regulación, con problemas para investigar y pacientes que se sienten “delincuentes”

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Un sector de la investigación médica en España está de celebración: la ONU ha reconocido oficialmente la utilidad medicinal del cannabis. El cambio de criterio no tiene consecuencias legales directas, pero allana el camino en los distintos estados que han votado a favor, como es el caso de nuestro país. Quienes aquí se dedican a la investigación en este campo aplauden la “buena noticia” y auguran una mejora en el laberinto burocrático en el que se encuentran. Mientras, los pacientes esperan que pronto se acabe con su inseguridad jurídica y sanitaria, hartos de sentirse unos “delincuentes”, “desprotegidos” por el sistema de salud.

Piden al Gobierno una ley con garantías, igual que sucede con otros medicamentos. Desde Proyecto Hombre, que aceptan una regulación al respecto, recuerdan la necesidad de que no se “banalicen” los riesgos del consumo recreativo de drogas, especialmente, de cara a la población más joven. En cualquier caso, el horizonte todavía no se ve con claridad, quedan muchas incógnitas en un debate que es histórico y global.

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¿Qué usos medicinales tiene el cannabis?

En el Observatorio Español de Cannabis Medicinal (OECM) estiman que unas 300.000 personas en España consumen cannabis con fines medicinales o terapéuticos. “La cifra aumenta cada día por el boca a boca, pero es difícil de saber, porque muchas personas están ‘en el armario’ por miedo y estigma”. Nos los cuenta Carola Pérez, que además de presidenta de la asociación, es una de esas usuarias.

Pero, ¿para qué usos medicinales está probada la eficacia del cannabis? Manuel Guzmán, catedrático de Bioquímica y Biología Molecular en la Universidad Complutense de Madrid, explica que el uso más extendido es para pacientes de cáncer, “para la disminución de las náuseas asociadas a la quimioterapia”, “inhibir el dolor oncológico” y atenuar la pérdida de apetito y de peso, la ataraxia, “en los estadios más avanzados” de la enfermedad.

Pero no se queda ahí. También se emplea en un grupo “muy heterogéneo” de enfermedades neurológicas. Pacientes de esclerosis múltiple, neuropatías, fibromialgias, etc., acuden a la planta para aliviar el dolor y la rigidez en brazos y piernas. Finalmente, en enfermedades de “tipo epiléptico”, los cannabinoides pueden inhibir la convulsiones. “Los niños responden mucho mejor que los adultos”, apunta Guzmán. Precisamente, en España, hay solo dos medicamentos a partir del cannabis ya aprobados por Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS): uno para las convulsiones en epilepsias infantiles y otro para la espasticidad asociada a la esclerosis múltiple.

Inseguridad jurídica y sanitaria

Este úlitmo fármaco, el ‘Savitex’, solo lo tienen los pacientes de esclerosis múltiple en segunda línea de tratamiento. Es decir, “cuando ya han fallado otros”, explica Carola Pérez, del Observatorio Español de Cannabis Medicinal. Asegura que solo pueden acceder a él “como medicamento compasivo”, para lo que es necesario pasar por un tribunal médico, con muchas diferencias de criterio entre hospitales, profesionales y comunidades autónomas.

“Durante la pandemia, al cerrar los clubes sociales de cannabis y no poder acudir al mercado negro, para los pacientes es como si nos hubieran cerrado las farmacias”

“Nos tenemos que buscar la vida”, denuncia sobre la “inseguridad jurídica” a la que se aboca a los pacientes. “En el mercado negro, cultivando en casa, o yendo a un club social de cannabis. ¿Qué ha ocurrido durante la pandemia? Al cerrar los clubes sociales de cannabis y no poder acudir al mercado negro, para los pacientes es como si nos hubieran cerrado las farmacias. Encima que te sientes un delincuente, esto ha hecho que nos sintamos absolutamente desprotegidos”, confiesa. Y recuerda que la multa asciende a 10.000 euros por posesión reincidente de cannabis. “A nadie se le ocurriría que una quimioterapia venga del mercado negro”, afirma Pérez. 

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El cambio en la ONU 

Por una mayoría ajustada, los Estados de la Comisión de Estupefacientes de la ONU han decidido retirar el cannabis y su resina de la Lista IV de la Convención sobre drogas, donde se incluyen las drogas más peligrosas como la heroína, que requieren un control estricto, y a las que no se les reconoce usos medicinales relevantes. El paso se ha dado tras un informe de la Organización Mundial de la Salud, en 2019, con una recomendación en este sentido.

“En términos estrictamente jurídicos, la supresión de la Lista IV no supone un cambio importante, porque la prohibición del cannabis con fines médicos no era obligatoria”, precisa Martin Jelsma, politólogo del Transnational Institute, especializado en políticas internacionales de drogas. “La ola de cannabis medicinal ya se estaba acelerando en los últimos años, pero esto le dará otro impulso”. 

Las repercusiones habrían sido más relevantes, nos cuenta, si el cannabis se hubiera suprimido también de la Lista I, pero la OMS recomendó que continúe clasificada junto a otras sustancias que se consideran adictivas y de probable uso indebido, como el opio, la cocaína o la metadona, por “las altas tasas de problemas de salud pública” que se derivan de su y “su alcance mundial”, apunta Jelsma, que considera un “error histórico” esta clasificación.

Industria e inversión en España

El catedrático de Bioquímica Manuel Guzman confirma que la decisión es “una buena noticia” para la investigación en el campo de los cannabinoides. A la falta de inversión con la que “se encuentra cualquier investigador”, se suma que trabajar con cannabis es “muy engorroso en términos administrativos”, comparado con sustancias “mucho más tóxicas, pero que no están en la lista IV”.

“Es un factor que ha ahuyentado a muchos inversores”, confiesa, con la esperanza de que esto cambie en adelante. Además, según relata, hacer ensayos clínicos con extractos de la planta es muy difícil en España. “La agencia reguladora nos conmina a que hagamos experimentos con compuestos purificados y ya presentes en medicamentos. No se puede trabajar directamente con la planta”.

En ese sentido, Carola Pérez del OECM se muestra especialmente crítica. “Somos pioneros en investigación, cultivo y genética, y todo ese know how se lo están llevando fuera”, alega.

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Qué es el CBD

Para comentar las perspectivas empresariales de la planta y su regulación, acudimos a Yuyo Calm, una pequeña empresa impulsada por María Aguado e Isabel Jarvis, de aceite de cannabidiol (CBD). “Ahora mismo la regulación es para uso tópico. A raíz de esto que ha dicho la ONU, quizás se abra la puerta a que se regule de otras maneras”, valora Jarvis. “Cuando hablas de productos que tienen componentes de cannabis, mucha gente se echa las manos a la cabeza. Quizás esto ayude a que se rompa el tabú”, agrega Aguado. Sin embargo, para el politólogo Martin Jelsma, en la posición de Naciones Unidas todavía existe “mucha ambigüedad” en torno a los productos no psicoactivos como el CBD, pese a que la OMS no acusa riesgos para la salud.

El investigador Manuel Guzmán reconoce que esta sustancia tiene propiedades antiinflamatorias y anticonvulsivantes, pero recuerda que la mayoría de las propiedades medicinales comprobadas del cannabis están relacionadas con el THC, tetrahidrocannabinol, el componente activo que sí coloca. “Algunos pacientes acuden al CBD pensando que van a encontrar el alivio del dolor, cuando lo que en realidad lo que alivia el dolor es otra molécula de la planta”, advierte Carola Pérez. 

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Regulación… y prevención 

Sobre la necesidad de una ley para el uso terapeutico, el bioquímico Manuel Guzmán argumenta que la falta de regulación comporta problemas en la publicidad de las sustancias, la educación y el conocimiento de la sociedad sobre ellas. En cambio, “regular trae muchas ventajas, entre ellas, poder controlar los ensayos clínicos. Si no está regulada, no vamos a poder estudiar sus posibles efectos terapéuticos, sus efectos secundarios, las mejores posologías…”.

En este punto coincide incluso Proyecto Hombre, la fundación puntera en España en el tratamiento, rehabilitación y reinserción sociolaboral para personas adictas y drogodependientes. “Hay drogas, como los opiáceos, que históricamente están dentro del sistema, pero están controladas, a través de medicamentos y dentro de un sistema sanitario bien gestionado, con un médico que ejercer el control; para nosotros eso es fundamental”, asevera Elena Presencio, directora general de la asociación.

“Hay jóvenes que incluso tienen un mayor percepción del riesgo asociado al tabaco que al cannabis”

No obstante, Presencio advierte de la importancia de que ese avance vaya acompañado de más esfuerzos en la prevención del consumo recreativo, especialmente en jóvenes. “La percepción de riesgo del consumo de cannabis es bajísima. Hay jóvenes que incluso tienen un mayor percepción del riesgo asociado al tabaco que al cannabis”, señala, y recuerda los efectos secundarios, como trastornos psicóticos, en el estado de ánimo, la memoria cercana, las funciones cognitiva. “No es en absoluto inocuo”, insiste.

Por ello, para muchos, la solución pasa por una prescripción médica. “Cuando el cannabis se usa bien, no hay abuso. Porque el médico te pauta un tipo de flor, un aceite o un preparado, tienes una dosificación pautada. Igual que tú no puedes sacar más Diazepam de la farmacia del que te toca, tampoco podré sacar más cannabis del que me toca”, reivindica la presidenta del Observatorio Español del Cannabis Medicinal.

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¿Una regulación en España?

Este noviembre, el PNV proponía en el Congreso de los Diputados crear una subcomisión dentro de la Comisión de Sanidad para regular el uso del cannabis medicinal. Antes, a una pregunta parlamentaria de los vascos en ese sentido, el Gobierno respondía que “el nivel de evidencia disponible” no era suficiente para “recomendar un uso generalizado en pacientes”. No obstante, en Naciones Unidas, España votó a favor de incluirlo como droga con posibles propiedades terapéuticas.

“A favor de la regulación, pero qué regulación”, cuestiona Hugo Madera, del Observatorio Europeo del Consumo y Cultivo de Cannabis (OECCC). “Hay 200 regulaciones en el mundo. Por ejemplo, en Italia, cultiva el Ejército; en Canadá, lo llevan una serie de farmacéuticas y está en la bolsa. En Colombia, que es un modelo que nos gusta mucho, hay espacio para las grandes farmacéuticas -que tienen licencias de una forma transparente-, para las cooperativas, y para el autocultivo terapéutico”, explica. Según Madera esta “triple vía de acceso” reduce la inversión del estado y garantiza la seguridad. “Hay gente que puede estar inmunodeprimida, y no necesita una planta medicinal, necesita un medicamento, porque tiene que tener garantizado un estándar”.

Las ideas y las opciones están sobre la mesa. Por eso, el investigador Manuel Guzman pide al Gobierno que dé ya “el paso adelante” para que “los pacientes, que están sufriendo enfermedades muy graves, con enfermedades crónicas y debilitantes, puedan verse beneficiados de manera segura desde un punto de vista sanitario y jurídico”. Solo eso, dice, “que al paciente no se le considere un criminal”.

La “descolonización” del control de drogas en la ONU

La clasificación de drogas en Naciones Unidas es un debate histórico, con implicaciones geopolíticas, que se remonta a 1961, cuando se firma la Convención Única sobre Estupefacientes. De los entresijos de esta última votación nos habla el politólogo del Transnational Institute, Martin Jelsma. En primer lugar, “es un hecho sin precedentes que una decisión de inclusión en las listas se adopte por un margen de mayoría tan pequeño”, con Rusia liderando el grupo en contra de las últimas recomendaciones de la OMS. La mayoría de los países que hasta el momento se habían posicionado del lado prohibicionista, incluidos los miembros de la Unión Europea, en esta ocasión han votado junto a países como Sudáfrica, Marruecos, India, Nepal y Tailandia, con una amplia tradición en el uso del cannabis. “Es un claro primer signo de una ‘descolonización’ del sistema de fiscalización de drogas de la ONU, y una reivindicación de su historia y cultura”.

¿Pero, por qué habla de ‘descolonización’? “Varios de esos países acababan de lograr la independencia cuando se negoció la Convención Única y ya expresaron sus objeciones a una prohibición estricta del cannabis”, cuenta Jelsma. Asegura que “la inclusión del cannabis se hizo sin una evaluación científica adecuada y estuvo muy influida por los prejuicios coloniales y racistas. Los imperios coloniales se habían beneficiado enormemente de sus monopolios de opio, coca y cannabis en sus territorios de ultramar y se habían opuesto a la imposición de controles internacionales estrictos mientras seguían controlando el comercio de esas sustancias. Solo después de perder el control, siguieron adelante y presionaron a sus antiguas colonias recién independizadas para que aceptaran un régimen estrictamente prohibicionista”, añade. 

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